por Alfonso Madison
La experiencia de una nueva gira nos trae un cosquilleo general al estómago, éste se agudiza aún más si cabe si con quien te vas de gira es Willie Nile, un poeta neoyorkino, un rockero de pro, un… maldito, eterna promesa, aquel nuevo Dylan de finales de los 70, el eterno segunda fila? No sé cuantas calificaciones, epítetos y adjetivos he leído estos días atrás en la prensa tratando de definirlo y/o encasillar a nuestro buen amigo Willie.

Willie es y ha sido para nosotros una realidad palpable, tangible, de carne y hueso. Humano como el que más, amigo, como el que más. Muchas horas de furgoneta cruzándonos literalmente esta piel de toro dan para muchas historias y anécdotas. Estar junto a alguien que se las sabe todas y las ha visto de todos los colores en esto del show-business da que pensar, infunde respeto y sobre todo te transmite una sensación, la de que estás disfrutando de tu oportunidad, la que te permite poder estar escribiendo tu pequeña línea de texto en la brillante, coherente, y no siempre reconocida carrera de este tipo, culto, estudioso e inquieto que se esfuerza por conocer, amar y hacer suyo cualquier lugar que visita, desde que llega al lugar del concierto hasta que se sube al escenario.
Han sido siete noches intensas, imborrables, eternas, impredecibles, en las que hemos podido disfrutar del buen hacer de un rockero sin tapujos, a pecho descubierto, que a sus cerca de 60 tacos se sube con la mejor de sus sonrisas a un escenario y mantiene inalterables las cotas de la ilusión y la creatividad. Hemos paladeado desde el primer foco hasta el último de los retornos de audio. Han sido unos lugares mágicos los que hemos pisado, y nada ni nadie nos quitará esa sensación, quizá banal, quizá anodina, material, sí, puede, pero en definitiva nuestra.
Para mi y para Carlos esta nueva gira, especialmente, ha sido la constatación de que el trabajo sí lo puede todo en esto del rock and roll, la prueba la hemos encontrado noche tras noche en esta bendita oportunidad de girar de nuevo con Nile, y de, incluso, reencontrarnos con pedazos de reconocimiento personal encarnados en la figura de Los Madison, nuestro lugar, nuestro origen, la escuela de donde partimos. Escuchar el reconocimiento de fans de Días de Vértigo en lugares tan dispares como Huesca o Algeciras, mientras estás inmerso en un trabajo aparte como es marcar la pauta rítmica a Willie Nile, no nos ha hecho nada más que volver a desear subirnos a un escenario junto a Los Madison y tocar, tocar y tocar, y que Vendaval, lo nuevo que se avecina, explote de una vez en la cara de todos aquellos que lo están esperando desde hace ya algunos meses. En esas estamos…

Han sido siete noches, siete noches de rock con la mejor compañía dentro y fuera del escenario, en donde por momentos a manera de diapositivas, de flashes, nos hemos visto encarnando epopeyas rockeras con las que crecimos, éramos los personajes de esos miles de conciertos, cintas, páginas de libros, y relatos de rock en los que crecimos, y en los que pensábamos algún día nos tocaría ser, o al menos tener la oportunidad de poder serlo. Larga vida a la imaginación, larga vida al rock, larga vida a Willie Nile. Amigo vuelve pronto… Comprende??!!
I got seven nights to rock
I got seven nights to roll
Seven nights, I’m gonna have a whirl
Seven nights with a different girl
Seven nights to rock
I got seven nights to roll
fotos: Salva Madison. Ver galería completa de fotos de la gira.